No existen días malos, pero si difíciles… el primero de noviembre comenzó muy temprano para mi cuando aproximadamente a las 2:00AM mi hermano encontró a mi madre tirada en el suelo inconsciente. Los gritos de esa noche serán muy difíciles de olvidar, la carrera, la ansiedad y todo lo que pasó lo llevo muy adentro especialmente cuando me trague el sentimiento para enfrentar esa situación difícil.
La realidad es que cuando logre despertar de mi sueño pesado, tome en mi manos su cabeza y yacía sin movimiento alguno mi madre…la mujer que mas he amado en mi vida. Pensé lo peor y sentí por primera vez en mi vida el miedo real, entre el desespero y el asombro le pedí una oportunidad a Dios que sentí concretada cuando regresó a conciencia.
La noche no termino allí, tuve que incorporar mi mente y mi cuerpo para una serie de días en los que conciliar el sueno fue un deseo, pero nunca una realidad. De camino al hospital, por que obviamente la ambulancia jamás llego, temblaba…no de frió, si no de dolor…..pensaba muy adentro que podía tener mi madre que había cedido la conciencia aquella noche y que aquellos síntomas pudiesen ser la raíz de algo insospechado. Solo pensaba y pensaba.
Aun en el hospital la sentía lejos de allí, y muy pálida. En la sala de los signos vitales paso lo mas temido, todo lo que no pude ver antes de encontrarla tirada en el baño se manifestó cuando cayo nuevamente victima de alguna enfermedad extraña… el pánico me inundo de mi, por que aunque la tendencia a ser positiva se ha regenerado, en ese momento solo tenia terror y muchas ganas de gritar.
La segunda fue la vencida… pero no para mal. Regreso a si misma pero ya entubada se veía desde lejos ante el panorama medico una posibilidad mas tranquilizadora…y por diferentes mecanismos se estaba recuperando. Los días de agonía prosiguieron pero regreso hasta ella el color de sus verdes ojos bellos, y la tonalidad de su piel.
Aunque lejos de aquella noche la recuerdo como una gran pesadilla, lección para algunos, y descanso para otros. Pero dentro de mí más lejos de ser una pesadilla fue la realidad de saber que la vida es muy vulnerable y que enfrentar de cerca la muerte me sigue haciendo muy débil. Aquella noche volví a ser humana y aunque no llore, lo sentí hasta muy adentro, tanto que a veces en la noche como secuela de lo que algunos llaman síndrome post traumático creo verla tirada en el baño, y que cada noche la siento moverse y salgo corriendo a verificar si sigue allí… afortunadamente esta mucho mejor, pero yo no se como recuperarme aun de este miedo.
Friday, November 10, 2006
Subscribe to:
Posts (Atom)
