En vísperas de la boda de mi amiga, quien gentilmente me dijo que iba a ser dama de su boda, me dispuse a comprar el vestido de dama en día sábado. Anteriormente había estado en cortes nupciales, con la salvedad de que siempre los trajes fueron confeccionados por particulares lo cual hizo siempre el proceso más fácil. Pero lo que nunca me presentó fue la locura que se vive en las tiendas de accesorios para novias.
Tengo que admitir que aunque la idea de casarse podría ser muy emocionante, hay quienes pensamos que entre menos trabajo mejor, a menor embeleco más diversión. Claro está eso no pertenece a la agenda de la típica novia puertorriqueña, quién se interesa en no solo complacer su gusto y el de sus vecinos, también el de todos los invitados a la fiesta…por que para ser sinceros a la ceremonia importante nadie asiste.
De regresos a David’s Bridal, fue una genuina locura desde el comienzo….demasiadas personas, muchas mujeres todas hablando al mismo tiempo y todas con algo que relatar. Creo que el tener que medirme el vestido no ayudo en nada a dispersar al multitud, quien con propiedad también se dio el lujo de opinar sobre el ajuar escogido por mi amiga.
Lo que pudo haber sido 15 minutos se convirtió en 1 hora mientras que la desesperación me abrumo…y eventualmente lo que quería era salir corriendo. Por que será que las mujeres, principalmente cerca de esas fechas tan importantes se les salen el espíritu de locura y se transforman en el fantasma monstruoso de las bodas. Exigen no piden, gritan no hablan, se les apetece cosas ridículas y sin justificación…
Finalmente una hora después y sin enaguas can-can me dispuse a marcharme de la tienda y con eso la dulce locura de esa fantasía personal que viven las novias se fue quedando atrás, pero el espanto me lo traje a bordo.
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